Por donde el sol sangra

 Las aves siguen deteniéndose cruelmente en los cables frente a mi ventana, para recordarme con su canto que pertenezco a un puente, a un río y a una selva.

Y que inevitablemente mis aguas corren junto al de mi amada,

en ríos diferentes, apenas separados, y que aunque hoy no me habla, ni me mira, mañana sus aguas inundaran todo mi ser, formando un solo río.

Sus aguas inundan todo mi caudal y se funden juntos en un choque sobrenatural, de sentimientos y miedos como el instante en que el agua dulce de nuestra fuente desemboca y golpea con temor en el inmenso océano de sal.

Fundiéndose y golpeándose cerrados los ojos, para no ver el impacto, aunque no tenga idea lo que vaya a pasar mañana, no de lo que podrá ser.


AGUA DE WAYUSA

Hoy amaneci de un solo salto asustado,

para ver el presentimiento nocturno,

en mi sueño vi un mundo verde,

afuera yacía si un mundo perfecto pero estaba  sin ti,

me quede suspendido por el purpura, rojo, y amarillo color del amanecer,

pero esa misma sensación me provocaron tus negros y brillantes pupilas,

lastima que estes tan lejos de mi,

tu recuerdos son de un éxtasis de amor y dolor a la vez.

 

Hoy arrastró las cadenas pesadas de mi fe,

sin haber conseguido un poco  de paz,

vuelo atrás para ver incendios ardientes.

 

Hoy bebí agua de wayusa como mis ancestros,

para volver al principio de todo,

para recuperar el cuerpo perdido,

adolorido por tantas penas y dolor autoflagelado,

no logre nada,

por que mis penas son también,

de injusticias centenarias.

 

Hoy me fui a caminar por la montaña solo,

para ver tu rostro a plena luz del dia,

para guardarte en mi memoria eternamente.

 

Afuera hay tanta mentira,

y yo sigo pensandote,

como dejar de hacerlo,

como lograr sacar el veneno,

si para mi fuiste lo mas verdadero.

 

Hoy me pareció mentira haberte conocido,

musa inquieta de mil sonrisas,

estas tan cerca y tan lejos.

 

Hoy no me gusto lo que vi en el espejo,

por que mi juventud muere sin ti,

los años pasan inexorablemente,

sin ti es condena mortal.

 

Quiero cambiar un mundo lleno de sordos,

esta es una larga antesala a la soledad,

como vencer esos gigantes molinos de viento sin fe.

 

Puyo ciudad nublada,

cuando podremos verte sonreir?,

ese día se aplacara mi dolor,

y el sueño de verte limpia y digna,

será por fin dias de luz verdadera.

 

Vengo del Ecuador común y corriente.

De ese país que no sale en la historia oficial,

de barrios bajos como la Tola o la Marín,

soy parte de los de abajo,
de los que salen a las calles,
de los indignados,
de los vendedores ambulantes,
de los pueblos dignos de la selva,
de los de lanza,
de los de poncho,
de los del páramo,
de los del yawarmishki,
de los que toman asua,
de los guerreros del arco iris,
del gueto marginal,
de los que no tienen ruc,
ni servicio social,
de los que migran,
de los abandonados a su suerte,
de los que roban para comer,
de los que no tienen nada,
y no temen perder nada.
Soy como la mayoría,
estudiantes,
trabajadores,
pescadores,
agricultores,
médicos,
enfermeros,
de los que cargan todo el puto día.
De los que retaquean,
de los malabaristas del semáforo,
de los que quedaron sin ojos en octubre,
de los asesinados por la policía,
de los abandonados al virus,
de los que lanzaron la piedra
y no escondieron la mano.
De los hacen un cachuelito,
de los que recogen las monedas,
de los sin internet,
de los sin computadora,
de los sin escuela,
de los anulados,
de los discriminados,
de los universitarios endeudados,
de los sin servicios básicos,
de los que invaden,
de los que resisten,
de los que van repletos en el trole,
de los deportistas con ñeque,
de los hospitales colapsados.
Somo la mayoría,
y sin embargo seguimos,
sin tocar a los explotadores.
Vengo del Ecuador común y corriente.
Diego Escobar

Amazanga (7 de agosto 2013)

Vuelves camuflada en las millones de gotas que caen del cielo puyence,

vuelves verde, joven, radiante y victoriosa para posarte en el altar de nuestros sueños.

Vuelves escondida en múltiples máscaras, disfraces de mates, wairuros, san pedros, mandurus y wuitucs.

Vuelves encarnada en amarun, yanapuma, conga, ortiga y orquídea.

Como rocas constantes que desgastan el urku, amenazando la wasi,

con el Pastaza, su garganta de fuego y sus olas bravías en el borde de un paraíso complejo.

Vuelves del pasado al presente,

emergiendo desde el fondo de tus tolas sagradas,

con tus hijos e hijas del Pinduc,

y del templo sagrado del Zulay.

Vuelves ahorcando, envolviendo, abrazando y engullendo toda tu selva,

entonando el tuntui,

afilando la lanza y preparando la tzantza,

tejiendo la arcilla,

cocinando wayusa,

tomando asua,

bailando,

gritando al ritmo del tambor y creando vida.

Vuelves para reclamar las almas y vengar tanta maldad extranjera.

Vuelves para llenar de luz esta agónica oscuridad petrolera.

Vuelves, oh Amazanga, reina de la libertad, verdadera guerrera.




Madre Selva

 Al cerrar los ojos exhaló el cálido aire que me rodea, dejo que las primeras gotas del aguacero caigan en mi cara, siento un placer indescriptible al escuchar a los grillos cantar y al agua chocar contra la piedra, cierro los ojos por qué puedo así sentir mi espíritu regocijarse de éxtasis al saber que se siente bien estar en la selva.


No exagero al afirmar que este es el mejor lugar para un poeta, pero también lo es para el cansado trabajador. La pausa es vida, parar es importante para el alma, la demente carrera por ser alguien en el mundo nos corta la meta más alta: ser feliz, la felicidad no está en los placeres que ofrece el mundo, la felicidad está en encontrar la paz. Esa paz que encuentro siempre en la Madre Selva.

La avenida Silencio (agosto 2016)

La ciudad respira una tregua, son las 5 de la mañana, algunos pasos tímidos por la acera, los negocios más truchos suceden en la esquina, algunas almas en pena deambulan grises por el adoquín, las penas yacen libres soltando polvos de colores, mientras en la bruma de la neblina los faroles encendidos matan insectos con furia, son asesinos en serie; yo aprovecho y saco mi arma y disparo y detengo al unísono el tiempo como un túnel del espanto, mientras contemplo solitario la belleza de la avenida Silencio, porque es esta, la hora que mejor tengo.






Oda a la esperanza

Admiro a quienes tropiezan y se levantan de nuevo, a pesar de sentirse abrumados por la derrota. 


Valoro a aquellos que, sin importar cuántas veces fallen, vuelven a intentarlo con renovada fe. 


Admiro a quienes, incluso cuando la desesperanza los embarga, encuentran en el Señor el apoyo para erguirse una vez más.


Admiro a quienes han emergido del abismo y, desde las cenizas, vuelven a elevarse. 


Admiro a los derrotados, porque ellos construyen el mundo de esperanza que hoy conocemos. 


Son los que han superado adicciones, enfermedades, dolores y burlas. Ustedes son dignos de admiración.


A los que fracasaron en sus empresas y perdieron todo, pero al día siguiente se secaron las lágrimas y volvieron a soñar, también los admiro. 


Los derrotados, los fracasados, los caídos, son los hombres exitosos del mañana. No hay éxito sin un continuo viaje a través de la derrota.


La mayoría de ellos se levantan de nuevo, aferrados a la vida, a los sueños y a la esperanza. 


Yo soy uno de ellos: ayer caído y hoy levantado, dispuesto a brillar con la luz eterna del Rey de reyes. 


Toda la gloria la debo al cielo.

D. E.