edor

Las rocas pesadas sobre el pecho, la cara y las piernas son toneladas de dolor acumulado, dentro de ellas un magma de cobardia enraizada, ya no tengo espacio en su mundo y sin embargo...insistó dañando lo bonito y autoflagelandome como si fuera alumno de miguel de santiago.ó

no hay deseo, ni llama, ni lencería ni ganas..

si hay lanas, cucarachas, hedor, mal humor, descuido y mal olor...

NO HAY BESOS DE LUNA, NI SUDOR, NI INCONSCIENCIA DE CARICIAS..

SI HAY LABIOS DE SAHARA, COSTRAS EN LA PIEL Y DEDOS ADORMECIDOS...

NO HAY NADA...Y SIN EMBARGO INSISTÓ...

DAÑANDO LO BONITO...

ENVEJECIÓ LA LOCURA, SE MURIÓ LA TERNURA, DESPEGÓ A SU PLANETA LA DIVERSIÓN...




Murciélagos


Asaltan todos mis pensamientos,
una invasión de murciélagos a mi cabeza,
un minuto de placer, 
horas de dolor,
vienen cada 6 horas,
acechan la paz,
los gritos ahogados,
los olores derretidos,
una inmensa sombra sobre mi cabeza,
los misterios son cromos repetidos,
ya no hay certezas,
solo hormigas en mi dedos,
el miedo y culpa suben por mi venas,
no hay ganas de ver humanos,
hundido en esta cárcel húmeda,
traumas sin curar,
heridas abiertas,
bombas por estallar,
y en el fondo una luz,
mi tenue vela,
mi vida,
sin bitácora,
sin brújula.
estatua suspendida en el aire.


CULPAS



Se abalanzó contra mi el miedo, la libertad la  confundí con desprecio, mi mundo cabía en apenas un metro y medio. Conseguí lo que quería y en medio de la desesperación por perderte, caí en la red de la cordura, la peor trampa lo establecido moralmente. Lo aburrido, lo serio. La pirotecnia cesó y como goteo de suero la vida siguió. Desesperado por perder el ticket de la fiesta de tu cuerpo use la peor artimaña: confusión y caos al espíritu. Una sobredosis de culpas y remordimiento.

Como un brutal espanto tu pasión en una metamorfosis mudo de carcasa, mudo de piel. Tu corazón y cabeza se quedaron huecos. Tu piel se marchito. Tu flor se seco. Tu néctar se amargo. Tu deseo náufrago. Y el amor de muerte se hirió.

Hoy ya no temo la soledad ni el silencio. Temo contar más días sin emociones ni juegos. El amor lejos de este puerto está. Temo seguir en la indigna forma de suplicar tus besos. Tu de la crisálida no saliste. Yo afuera esperando tus alas de mariposa que nunca se transformaron, que nunca volaron por el jardín de mis anhelos.

Puede ser que hayas planeado a propósito matar la fantasía y la complicidad de nuestros deseos. Puede ser que estés empujando nuestra historia al barranco de los imposibles sueños.

Mi corazón tiene esperanza de vivir nuevos senderos, necesita darle vida a los huesos. Volver a sentir vivo los dedos. A explorar una espalda despierta de ganas, a beber de la orquídea del amor verdadero.

A sentir en el pecho la reciprocidad producto del intercambio de voluntad por vivir esta corta vida cargada de emocionantes historias y fantasías de nuevo. A vivir como siempre sin traicionarme. Aunque eso signifique temporalmente soledad y silencio

CANOITA


El silencio es peligroso porque desnuda impunemente tus pensamientos. En el silencio sabés de verdad quién eres. Al silencio no le puedes ocultar tus misterios. La naturaleza no sabe de prejuicios ella te acepta. Seas un ángel o demonio.

El bullicio del mundo en cambio te engaña quién eres. El mundo aplaza tus sueños. La bulla estruendosa del mundo silencia tu realidad. El silencio en cambio te dice tranquilo, escuchate, conócete.

Y empiezo a navegar por mi realidad. Y me repito a mi mismo: Yo nací así. No me invente nada. Desde siempre vi así. Un día viví como pensaba pero el mundo me arrastró a ser normal. A vivir remordido de culpa. A negarme a mi mismo. Hubo un tiempo que vivía como pensaba y era feliz. Ahora soy el Judas de mi propia historia. Hoy se que no soy ni bueno ni malo solamente nací así. Hoy llevo una llama que quema mi interior. Vivo ocultando el calor de las brasas de mi cabeza. Soñando  con los abrazos, besos y caricias que queman. Con la piel rebozada de dicha. Soñando con los ojos de candela y los besos dulces de la flor de tu boca.

He andado sin fuerzas, ni ganas, ni emociones, solo sanciones como tristes canciones. Prisiones. Mendigo tenaz. En cambio el corazón late emocionado cuando piso tu sacha. Cuando huelo tu larga cabellera de humo. Verte caminar es como ver canoas que se estrellan entre sí. Nuestras miradas brincan, se estrellan en la loma. Pero que dicha cuando ingreso a tu runa mundo. Cuando hablo con tus ancestros, vivo. Entiendo cada forma de la selva. Empiezo a ser yo mismo.

Necesito hacer un viaje que me saque del mundo angustia. Un río que me lleve lejos del mundo guerra. Una canoita que me lleve hasta tu wasi. En eso ando, pensando en una canoita, escribiendo al cielo una última plegaria de amor. Hoy todo me cabe en una canoita, en una canoita que lleve mi shunkito y que no vuelva a naufragar jamás.

UNA BICI



Me aburre rápido lo monótono!
me abruma el paso lento del tiempo,
me desespera tu paso,
tú mundo sin motor,
tedioso mundo suspendido,
el cual prefiero olvidar
prefiero bailar,
una bici y un río,
una pipa y mi ritmo,
caminar, navegar y volar al mismo tiempo,
vivir sin miedos,
amar sin compromiso,
dormir poco,
viajar en medio del mar,
me abruma lo fácil,
lo simple,
voy tras del viento!

Corazón de brujo,

Corazón de brujo,
solamente colado de pocimas sin miedos,
solamente dame un poco más,
yo te haré brillar envuelta en llamas,
te llevare a fiestas ilegales,
tú solamente dame un poco más,
yo te haré probar caros venenos,
tú solamente entrégate a mí toda la noche,
yo te subo a mi cadillac!

Un amor en la sucursal del cielo (Una historia difícil de contar, dedicado a mi madre)






Todo quedó guardado en la memoria de aquel viento cálido que recorrió un día por sus cuerpos, allá en la sucursal del cielo, en lo más alto de las montañas de Chillanes.

En las altas montañas de los andes ecuatorianos, al sur de la provincia de Bolívar, en  la soledad y lejanía de un pequeño y perdido pueblito llamado Tiquibuzo a inicios de los años sesenta, un jóven maestro de escuela se enamora de una humilde y sencilla mujer de campo.

El mediano de estatura, de ojos azules intensos como el cielo despejado andino del medio día, ella cobriza por el sol del azadón, pero hermosa como doncella inca, su madre aún se comunicaba con el idioma del Tahuantinsuyo, ella era descendiente de las princesas del Inti Raymi; el descendiente de terratenientes españoles, el enamorado desde el primer día que la vio, ella hipnotizada por su fulgurante mirada.

Él deja su semilla en Luisa, ella, la hace germinar en tierra fértil, fruto de este corto pero intenso amor andino nace una tierna bebé, una nueva princesa de piel blanca, de rostro fino y delicado, de cabello lacio y negro como las noches frías de Tiquibuzo. En el pueblo y en la escuela le dicen "La gringa", ella se enoja del seudónimo y lo arregla con los nudos de sus blancas manos.

Esta hermosa bebé es el único recuerdo que queda de esta intensa y corta historia de amor entre un joven maestro y una joven campesina en las montañas de Bolívar. 

El tiempo y la presión social hicieron que se bifurquen sus destinos, por su seguridad la niña fruto de su amor tuvo que crecer siempre lejos de su padre y de su madre, creció entre el multicolor y bullicioso ferrocarril andino de Bucay y la alocada ciudad de Guayaquil. 

Ella jamás entendió porque tuvo que vivir siempre lejos de sus padres, su madre insistió que era por su seguridad, ella confiesa que su padre intentó pagar sus penas, pero el tiempo es el juez invencible de la vida. En la perpetuidad tal vez se vuelvan a juntar, tal vez ahí lloren sus penas dice.

El apuesto padre de ojos azules se fue de este mundo por una falla en su corazón, su madre más tarde se iría también; en una tibia madrugada cerró sus ojos apaciblemente para partir a la eternidad.

Ella guardo lo mejor de el, sencilla y trabajadora como su madre, decidida y encantadora como su padre, su mirada sigue siendo la de Don Alfredito y su sonrisa y sentido del humor sigue intacta como la de Mamá Luchita.

En su corazón ya no hay rencor alguno por sus padres, ella les ha perdonado el abandono, se ha secado las lágrimas,  ahora vive otra historia, la de una matriarca de una familia que cada día crece como la espiga en el páramo andino.