Selva...Patria del corazón!

Lucha y amor,

constancia de la razón,
lianas hasta la luna,
hojitas cortadas,
hormigas aladas,
hongos fluorescentes,
águilas al acecho,
ríos anacondas,
jaguares hambrientos,
somos barro y lluvia,
abundantes frutas,
cielo despejado,
cascada de plata,
la ortiga y la wayusa,
el bocachico y la yuca,
tapir con cría,
espíritus del bosque,
somos elixir y refugio,
hijos de Amazanga,
lucha y amor,
Selva...Patria del corazón!

Una vida entera de la mano viendo el mundo girar.

 El amor no es fácil, es complicado, hay que sortear las grandes olas del mundo, cuántas veces hemos tropezado, caído y nos hemos vuelto a levantar, así es la vida, un viaje no siempre cómodo, pero al final lo que importa son los paisajes, las aventuras, las historias, la complicidad y las ganas de seguir viajando juntos.

A veces me preguntan ¿Cuál es el secreto para durar tanto tiempo?, como todo en la vida les digo, esforzándose, no dar nada por perdido, luchar con vehemencia, poner como prioridad la familia. 

El amor se cultiva, se abona y se cosecha. No es fácil pero en este mundo loco de relaciones pasajeras, vale la pena luchar por algo que dure toda la eternidad.

Amenazas

 Amanecí pensando en las increíbles amenazas del universo,

en las amenazas de las coincidencias,
en las amenazas de las casualidades
y de las causalidades.
Amenazas contra mi, contra ella, contra todos,
sobre todo hoy que mi aliento se alimenta de soles centellantes,
de días sonrisas y de miedos enfrentados,
sobre todo hoy que voy en cada paso sintiendo con emoción el huracán de todos mis amaneceres juntos,
hoy que mi voz es el rugido de la corriente feroz del Pastaza,
intentando perforar el encañonado de lava.
Hoy que mi mirada es la de los yachaks asesinados, disgustados e indignados de la selva,
hoy que he quemado todos los libros de historia, de autosuperación y todos los miedos en el fogón de mi hoguera,
justo hoy que mi felicidad no programada me rodea,
llegan las amenazas,
y les digo gracias, ustedes son maestras de experiencias,
de lecciones urgentes, de cinceles esculpiendo una
mejor versión.
Gracias

EL VERDE ATRAPA

El verde me atrapa, nos atrapa, nos envuelve, a pesar de nuestras bombas, de nuestras máquinas, de nuestras armas, la Sacha se defiende, resiste, ha sido removida tanta vida, pero sigue viva.

Cada monte talado, cada río secado, cada flor muerta, cada día de inconsciencia, todo eso ha servido solo para aprender de ella.

A cada árbol le llegan sus animales, a cada flor le llega su mariposa, a cada tormenta le llega su arcoíris, a cada colibrí le atrapa un espíritu furtivo, cada roja flor caprichosa en la selva es una fiesta.

Los búhos del aguacate saben lo mismo que yo, que está es mi selva, que están es mi casa y que este refugio de selva y de paz se defiende y se respeta.

Afuera de ella yace la destrucción, la maldad, el apocalipsis, afuera de ella la inconsciencia, aquí el tierno bebé cuida de la hormiga, la hormiga cuida de la planta, la planta cuida del hombre, el hombre ama la lluvia del día, la lluvia ama bañar los brazos y antebrazos de los árboles, sabe Dios cuánto amamos cada centímetro de humus, de hojas de semillas, de frutos de hierba. 

 Los pájaros del Pindo saben que aquí no hay flechas, ni veneno, ni odios, ni ambiciones, ni destrucciones promovidas por intereses demasiados absurdos de acumulación mercantil. 

Los pájaros del Pindo saben que esta es su casa, las lagartijas saben que aquí no hay espacio para la mezquindad.

Las máquinas nos dejaron casi sin aliento, pero nuestro pie estuvo desafiando la garra metálica para que este sueño sagrado llamado vida no desaparezca, aquí no hay sueños de poder, no hay egos que llenar, no hay publicidad que buscar, aquí saben los miles de animales que hay amor, amor y agradecimiento al Dios por tan perfecta obra, 

La felicidad está en el viento sobre la cara, el sol quemando los pies, la lluvia cayendo sobre mi cuerpo, los pies descalzos en la hierba, los grillos en las hojas, las gallinas en su nido, las culebras en su húmeda guarida, aquí todos son felices, por qué este sueño se llama equilibrio, este lugar tiene un nombre se llama Madre Selva.

Sueños

Los días son sueños entremezclados y confundidos con aquellos que suceden al cerrar los ojos.

Son tantos sueños mezclados y combinados con historias de guerras, prados verdes, flores, descanso, aventuras de lujuria, hay también soledad, llanto, hay alegría, hay dolores, dientes caídos, perros que muerden. 

Las fobias al cruzarme por el río muerto...

El flaco

El primer recuerdo que surge en mi memoria es una casa de cemento de tres pisos llena de gente, con divisiones hechas a mano de manera empírica, era una casa inmensa, por lo menos así lo veía en ese tiempo. Una casa colgada en un domo volcánico, cerca y al mismo tiempo lejos del centro de Quito.

Cada personaje que vivía en esa casa era muy particular. Desde la amplía ventana del departamento donde vivía solía mirar fascinado a estos particulares vecinos, unos eran comerciantes, otros empleados públicos, otros se ganaban la vida al día. Habían escarabajos y troopers estacionados afuera de la casa. Habían muchas fiestas y pájaro azul. Había mucha ropa colgada en los rieles del único patio de la casa. Patio que era el centro de la vida social de sus habitantes. Vivian más de 10 familias en esa casa.
Era una casa de los años setenta, dónde nunca había silencio, siempre había bulla, mucha bulla, habían gritos, llantos, risas, pero nunca había silencio, hasta bien entrada la noche mis amigos jugaban a la pelota. La pelota era el centro de todos los juegos, la misma pelota vieja servía para armar partidos de fútbol, para jugar a los quemados, a los países. La pelota era todo lo que necesitábamos para ser felices.
De todos los vecinos había uno que más me llamaba la atención, vivía en la esquina más lugubre de la casa, nunca abría las ventanas de su casa, había un edor a humedad muy fuerte, vivía ahí encerrado casi siempre y solo, era muy delgado, en su rostro siempre se notaba enojo. Vestía siempre con pantalones de tela, camisas muy bien planchadas, una chaqueta deportiva negra cubría su pecho, cuando salía de su guarida, llevaba el periódico siempre dentro de su brazo, parecía que El Comercio era una parte más de su cuerpo.
Su cabello negro brillaba intensamente en el sol y estaba siempre bien peinado, usaba crema wellaform para darle uniformidad a su crespo pelo.
Este vecino uraño, era el que menos saludaba, el que menos socializaba, el que menos hablaba, no hablaba con nadie, le molestaba la bulla de la casa, le molestaba que juguemos todos los niños de la casa en el pequeño patio de cemento ubicado en el centro de la vivienda entre las dos piedras de lavar y un baño y ducha que ocupaba unos vecinos.
Alguna vez de un pelotazo rompí la ventana de su departamento. Salió violentamente por su puerta a retarnos, todos salimos corriendo a refugiarnos en nuestros departamentos. Fue la vez que ví toda su ira marcada en su rostro, estábamos muy asustados. Algún adulto salió a defendernos y se armó la pelea del año en la casa, puñetes iban y venían, desde la ventana de mi casa , ví caer al delgado vecino rendido en el cuadrilátero de la casa, por primera vez le ví débil al hombre de cabello brillante que todos teníamos, desde ese día ya nadie le temia, pero del miedo pase a la pena, ver su fragilidad y su soledad me marcaron en la memoria. No olvidó su cabello brillante, ni su conmovedora soledad.
Cuento de :Diego Escobar

LOS INDIOS

Pastaza es ese largo y sinuoso sendero sagrado del monte
Ellos son estos ríos, estas cascadas, estos gigantes árboles,
Y esa misteriosa roca escondida entre la niebla,
Y el roció en las hojas de la yuca sembradas por las nuas,
Y las rocas eternas desperdigadas por el camino.
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Nos miran desde donde nacen los Llanganatis,
Desde los alto del Habitahua y Cuchimondongo,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Se enriquecieron bajo su espalda quemada,
Bajo su sumisión, siempre abajo, siempre,
Ahora su silencio es injusticia nocturna,
La arpía saben toda la historia,
El jaguar lo vio todo,
La anaconda guardo en su memoria la desgracia,
De esa historia de esos indios que se comió el Pastaza,
De los nombres que ya nadie se acuerda,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Cuando andamos por la selva sentimos detrás su presencia,
Nos persiguen, sabemos que no estamos solos en el monte,
Ellos nos hablan en Wao tededo, Saparoano y Shuar Chicham,
Pero no entendemos la lengua sagrada del monte,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Por que Pastaza es eso: ese largo y sinuoso sendero sagrado del monte,
custodiado bajo millones de estrellas mezcladas con brillantes luciérnagas,
Sí. Pastaza es eso: el extenso y sinuoso sendero infinito de resistencia.
Resistencia india en equilibrio con la Madre Selva, por que aún
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,