EL VERDE ATRAPA

El verde me atrapa, nos atrapa, nos envuelve, a pesar de nuestras bombas, de nuestras máquinas, de nuestras armas, la Sacha se defiende, resiste, ha sido removida tanta vida, pero sigue viva.

Cada monte talado, cada río secado, cada flor muerta, cada día de inconsciencia, todo eso ha servido solo para aprender de ella.

A cada árbol le llegan sus animales, a cada flor le llega su mariposa, a cada tormenta le llega su arcoíris, a cada colibrí le atrapa un espíritu furtivo, cada roja flor caprichosa en la selva es una fiesta.

Los búhos del aguacate saben lo mismo que yo, que está es mi selva, que están es mi casa y que este refugio de selva y de paz se defiende y se respeta.

Afuera de ella yace la destrucción, la maldad, el apocalipsis, afuera de ella la inconsciencia, aquí el tierno bebé cuida de la hormiga, la hormiga cuida de la planta, la planta cuida del hombre, el hombre ama la lluvia del día, la lluvia ama bañar los brazos y antebrazos de los árboles, sabe Dios cuánto amamos cada centímetro de humus, de hojas de semillas, de frutos de hierba. 

 Los pájaros del Pindo saben que aquí no hay flechas, ni veneno, ni odios, ni ambiciones, ni destrucciones promovidas por intereses demasiados absurdos de acumulación mercantil. 

Los pájaros del Pindo saben que esta es su casa, las lagartijas saben que aquí no hay espacio para la mezquindad.

Las máquinas nos dejaron casi sin aliento, pero nuestro pie estuvo desafiando la garra metálica para que este sueño sagrado llamado vida no desaparezca, aquí no hay sueños de poder, no hay egos que llenar, no hay publicidad que buscar, aquí saben los miles de animales que hay amor, amor y agradecimiento al Dios por tan perfecta obra, 

La felicidad está en el viento sobre la cara, el sol quemando los pies, la lluvia cayendo sobre mi cuerpo, los pies descalzos en la hierba, los grillos en las hojas, las gallinas en su nido, las culebras en su húmeda guarida, aquí todos son felices, por qué este sueño se llama equilibrio, este lugar tiene un nombre se llama Madre Selva.

Sueños

Los días son sueños entremezclados y confundidos con aquellos que suceden al cerrar los ojos.

Son tantos sueños mezclados y combinados con historias de guerras, prados verdes, flores, descanso, aventuras de lujuria, hay también soledad, llanto, hay alegría, hay dolores, dientes caídos, perros que muerden. 

Las fobias al cruzarme por el río muerto...

El flaco

El primer recuerdo que surge en mi memoria es una casa de cemento de tres pisos llena de gente, con divisiones hechas a mano de manera empírica, era una casa inmensa, por lo menos así lo veía en ese tiempo. Una casa colgada en un domo volcánico, cerca y al mismo tiempo lejos del centro de Quito.

Cada personaje que vivía en esa casa era muy particular. Desde la amplía ventana del departamento donde vivía solía mirar fascinado a estos particulares vecinos, unos eran comerciantes, otros empleados públicos, otros se ganaban la vida al día. Habían escarabajos y troopers estacionados afuera de la casa. Habían muchas fiestas y pájaro azul. Había mucha ropa colgada en los rieles del único patio de la casa. Patio que era el centro de la vida social de sus habitantes. Vivian más de 10 familias en esa casa.
Era una casa de los años setenta, dónde nunca había silencio, siempre había bulla, mucha bulla, habían gritos, llantos, risas, pero nunca había silencio, hasta bien entrada la noche mis amigos jugaban a la pelota. La pelota era el centro de todos los juegos, la misma pelota vieja servía para armar partidos de fútbol, para jugar a los quemados, a los países. La pelota era todo lo que necesitábamos para ser felices.
De todos los vecinos había uno que más me llamaba la atención, vivía en la esquina más lugubre de la casa, nunca abría las ventanas de su casa, había un edor a humedad muy fuerte, vivía ahí encerrado casi siempre y solo, era muy delgado, en su rostro siempre se notaba enojo. Vestía siempre con pantalones de tela, camisas muy bien planchadas, una chaqueta deportiva negra cubría su pecho, cuando salía de su guarida, llevaba el periódico siempre dentro de su brazo, parecía que El Comercio era una parte más de su cuerpo.
Su cabello negro brillaba intensamente en el sol y estaba siempre bien peinado, usaba crema wellaform para darle uniformidad a su crespo pelo.
Este vecino uraño, era el que menos saludaba, el que menos socializaba, el que menos hablaba, no hablaba con nadie, le molestaba la bulla de la casa, le molestaba que juguemos todos los niños de la casa en el pequeño patio de cemento ubicado en el centro de la vivienda entre las dos piedras de lavar y un baño y ducha que ocupaba unos vecinos.
Alguna vez de un pelotazo rompí la ventana de su departamento. Salió violentamente por su puerta a retarnos, todos salimos corriendo a refugiarnos en nuestros departamentos. Fue la vez que ví toda su ira marcada en su rostro, estábamos muy asustados. Algún adulto salió a defendernos y se armó la pelea del año en la casa, puñetes iban y venían, desde la ventana de mi casa , ví caer al delgado vecino rendido en el cuadrilátero de la casa, por primera vez le ví débil al hombre de cabello brillante que todos teníamos, desde ese día ya nadie le temia, pero del miedo pase a la pena, ver su fragilidad y su soledad me marcaron en la memoria. No olvidó su cabello brillante, ni su conmovedora soledad.
Cuento de :Diego Escobar

LOS INDIOS

Pastaza es ese largo y sinuoso sendero sagrado del monte
Ellos son estos ríos, estas cascadas, estos gigantes árboles,
Y esa misteriosa roca escondida entre la niebla,
Y el roció en las hojas de la yuca sembradas por las nuas,
Y las rocas eternas desperdigadas por el camino.
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Nos miran desde donde nacen los Llanganatis,
Desde los alto del Habitahua y Cuchimondongo,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Se enriquecieron bajo su espalda quemada,
Bajo su sumisión, siempre abajo, siempre,
Ahora su silencio es injusticia nocturna,
La arpía saben toda la historia,
El jaguar lo vio todo,
La anaconda guardo en su memoria la desgracia,
De esa historia de esos indios que se comió el Pastaza,
De los nombres que ya nadie se acuerda,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Cuando andamos por la selva sentimos detrás su presencia,
Nos persiguen, sabemos que no estamos solos en el monte,
Ellos nos hablan en Wao tededo, Saparoano y Shuar Chicham,
Pero no entendemos la lengua sagrada del monte,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Por que Pastaza es eso: ese largo y sinuoso sendero sagrado del monte,
custodiado bajo millones de estrellas mezcladas con brillantes luciérnagas,
Sí. Pastaza es eso: el extenso y sinuoso sendero infinito de resistencia.
Resistencia india en equilibrio con la Madre Selva, por que aún
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,





Cedro

 Los árboles se alzan las faldas,

para que podamos seguir amándonos,
los insectos preparan el concierto aferrados a las hojas,
el ruiseñor alista su siringe,
la hila su saco vocal,
mientras nuestros dedos se entrelazan,
como la raíz a la tierra,
como el pez al anzuelo,
clavo mis dedos como la raíz de la chonta,
tu largo cabello negro mojan las hojas secas del suelo,
mientras me acerco a tu vestido blanco el aroma del papangu aplasta el aerosol,
las dos fosas nasales aspiran toda su fragancia natural,
hasta desfallecer de tanta relajación,
se contamina la sangre del dulce virus del deseo,
las nubes corren para dejarnos el cielo azul,
el lodo atrapa nuestros pies,
el tibio aliento de tu boca es neblina en el aire,
tu piel delicada es arte en esta selva,
como arte es tu saliva en mi boca,
las lianas suben hasta el tope del dosel arbóreo,
las ramas son brazos que sostienen mi amor por ti,
de fondo blancas cabelleras de agua descienden con fuerza hasta nuestra laguna,
la oropéndola nos suelta pétalos de flores exóticas desde el aire,
estamos solos en este verde mar,
¡solos!, ¡solos!, ¡no hay nadie contaminándonos!,
las orquídeas adornan nuestro encuentro eléctrico,
los helechos gigantes esconden nuestros miedos,
miles de escarabajos adornan nuestras cabezas,
las gigantes mariposas azules bordean tus ojos negros,
las mantis religiosas cortan todos tus fobias,
los besos son caimitos maduros,
los abrazos son matapalos sin espinas,
ahora me acerco a ti en cámara lenta,
mi lengua sale de mi boca moja el labio inferior luego moja el superior,
estoy listo para rozar tus labios como el colibrí a la flor,
me alejo de ti con mis alas solo un poco, solo para tomar fuerza,
y ahora empiezo y mi vida retumba nuevamente,
mi selva se pinta de colores LSD,
y mi cerebro funciona a medias ahora,
en este coma de amor entiendo que nada de esto fue al azar,
todos en esta selva nos conectamos a ti,
eres la fuerza matriz de la vida,
las piernas largas de las palmas caminan disimulando para no interrumpir nuestra loca germinación,
llegó la hora de mojar nuestros cuerpos,
ahora volamos dentro del agua,
nos encontramos para el siguiente beso transparente,
para finalmente morir tocando el violín de tu fina cintura de cedro.

Último aliento

Podríamos envolvernos en el humo y el fuego,

Perdernos en la ciudad de la niebla,

Pudiéramos ver delfines y jaguares frente al mar,

Pudiéramos besarnos en todos los cines sin parar, 

y abrazarnos en el Café del Cielo,

y acariciarnos en la Laguna Azul,

Pudiéramos bailar pegados hasta el elixir de la noche,

¿¡pudiéramos¡?, ¿¡pudiéramos¡? pero ya no, no!

porque!, porque maldita sea te moriste!

y contigo yo también en esa tarde mortal




Popper

Pudiera escribirte todos los poemas que faltan por escribir en el mundo,

pudiera escribirte esa novela que seguro me haría ganar el nobel,

pudiera dibujarte con perfección para tumbarle de un solo

trazo a la Gioconda,

pudiera cocinarte bajo el sol tal como si un chef michelín fuera,

pudiera hacerte reír sin parar,

pudiera llevarte a nadar a esa poza de cristal,

pudieras quedarte dormida en mi pecho,

pudiera acabar con tus penas y llantos,

pudiera construirte ese castillo de metal,

pudiéramos perdernos en el mundanal,

pero te esfumaste y al morirte me morí también.