Robot

 Un rostro similar al tuyo pero artificial, el color de tu cabello, los ojos marrones, un robot con tu piel blanca de seda, con tus labios carnosos, con tu peculiar tamaño, con tu ombligo perfecto, con tu sonrisa que quiebra, con tu voz que ya ni recuerdo, han pasado casi una década y pareciera que fue ayer que caminaba junto a ti, que me sentaba a comer contigo, que escuchaba atento tus sueños, mientras deambulábamos en la acera. Todo lo que viví parece que fuera ayer, pero ya ha pasado una década, el tiempo no perdona nuestros sentimientos, peor nuestros anhelos. Como venganza contra el tiempo y tu falta de amor, me acerco hoy al creativo y al ingeniero para crearte aunque sea como un robot artificial, para no morir sin amarte, sin desearte, sin tocarte, aunque sea como un vacío ser, al final muy parecido a la que conocí. Una mujer fría sin sentimientos. 



El fatalista


 El fatalista es un hombre con demasiada información y sabe que la realidad supera cualquier ficción, es que ver a esos padres haciendo el nido entre cables de alta tensión debería ser la confirmación, pero nadie hace nada, es que las fuerzas del mal son numerosas, la máquina arrasó todo, bichos, peces, lanudos, colmillos, todo se fue en la primera palada y en las primeras veces que atacaron la selva con sus uñas afiladas de metal.  No es normal que no tengan donde hacer su nido, no esta bien que ya no tengan donde estar los habitantes primigenios de este paraíso. Cada día que pasa se reduce el tamaño del paraíso, la invasión del concreto es metástasis en la tierra húmeda. La brea so pretexto de progreso va ingresando cada día hasta la arteria principal del motor selvático. No hay rituales que puedan detener la vorágine. No hay protesta que valga o funcione. No hay proceso burocrático que pueda proteger la casa. Mientras hablamos de nuestros problemas existenciales, ellos siguen poniendo huevos en el hueco sin fondo de un poste de concreto. 

Por tu nombre de flores


Los pétalos derramados y derretidos en el suelo verde de hierba seca cerca de la Cascada Mágica es muda testigo de las promesas y de la pasión consumada, la única verdad que sostengo se mantiene en mi fe hacia tí y el profundo amor que sigue vigente para ti.

Tú nombre de flores multicolores, me llaman, me convoca, me conmueven siempre,

Eres flor silvestre de la campiña Baneña que nació en la roca muy cerca del gran río,

Creciste soportando soles calcinadores, lluvias, tormentas, ráfagas de viento y brisas torturadoras,

Mi pequeña gaviota naciste para ser libre y de las barras metálicas te arrancaste para vivir libre a tu manera,

Mujer mi suerte fue encontrarte entre las sombras de los grandes aguacatales, mísperos y guayabas,

Y vuelvo a tu nido, una y otra vez,

Y cuando el gigante cuervo negro acecha nuestra paz y libertad,

Peleas como fiera, dejas tú vida si es necesario, te conviertes en águila para rencarnar en sirena,

Cuantas lunas se han rendido ante tu hermosura,

Cuantas árboles tienen grabado tu nombre,

Entre ruedas volabas atravesando un pedazo de cielo,

Eras tú la que lograba enamorarme y drogarme a la vez,

En mi jardín que es mi mundo tu dabas vueltas por mi cabeza,

Me rindo en este duelo siempre has ganado tú,

Un rotundo SÍ te amare por siempre sigue siendo la letra de nuestra canción,

No me imagino un mundo sin tu nombre de flores,

El día en que estés lejos de aquí,

El mundo será negro cielo, negro mar, negra laguna, negra muerte para mi sin ti,

Tu me trajiste arcoíris, pájaros multicolores, frutas dulces y animales alados,

La suave seda de tu piel, la comisura que le falta a tu labio derecho superior,

La profundidad de tu mirada, tus bellos ojos cafés y todo el amor que fundimos en el paisaje de una vez,

Los duendes cantaron, bailaron y danzaron en una fiesta nocturna cuando al fin nuestra energía se conectaba,

Todos los espíritus del bosque, todos los dioses, todos los santos, todas las vírgenes, todos están de nuestro lado,

Sigo despeinado, despistado, descuidado, desorientado, desubicado pero enamorado de ti,

Mi pequeña guerrera, mi Dulcinea, Mi Manuela, Mi Julieta,

Todavía quedan muchos cofres que abrir,

Y si todos están de nuestro lado quién contra este amor de roca.

Por tu nombre de flores creo en tí que incluso después de muerto viviré para ti.



Reporte desde la selva...

La bruma de estos días, el tornasol que alegra el frío, los esquivos rayos del sol, la neblina que confirma la ubicación del mapa, los ríos que revientan con ira, la mancha negra matando todo a su paso, la corriente del agua, las olas del río Coca, el Sangay inocente del clima, la Mama Tungurahua dormida y helada en su cumbre, el Pastaza recibiendo todo el hedor, el dolor de la muerte inocente y una selva agonizando cada día...

Muñeca de porcelana

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Conversaciones desde el Teatro Amazonas II

Mientras la obra continuaba y un arlequín entretenía a Isabel, me perdí en el brillo que rebotaba en sus ojos. No pude resistirme a quedarme un largo rato hechizado por sus grandes y cálidos círculos marrones.

—¿Qué tanto me miras? —me dijo, sonriente—. Me vas a brujear.

Reaccioné a su comentario, entre divertido y avergonzado. Ella, pequeña, de piel clara y con una frescura juvenil, acababa de entrar a mi vida como un destello.

Parecía tener unas ganas incontenibles de vivir cosas nuevas, como si un pájaro, al fin libre, hubiera escapado de su jaula. Nadie elige en qué familia nacer, pero sí las aventuras que desea vivir, pensé. Era evidente que su vida no había sido fácil.

—Discúlpame —respondí, enderezando la postura y forzándome a prestar atención a la obra que ya estaba cerca de su final.

—¿Sabes qué me gustaría hacer?

—¿Qué? —le pregunté, intrigado.

—Me gustaría aprender a montar a caballo y galopar por un campo abierto, todo verde, a toda velocidad. Como en las películas de vaqueros.

Era una imagen hermosa, pero también me pareció una clara metáfora de querer escapar. Desde mi lado seudopsicológico no pude evitar analizar su deseo. Le solté la pregunta sin filtro:

—¿De quién quieres huir?

—¿Huir? ¡Yo no quiero huir de nadie! —respondió, molesta—. ¡Solo quiero aprender a montar un caballo!

Me recriminé a mí mismo en silencio, repitiendo como si fuera una lección mal aprendida: “No debo analizar todo. No todo deseo esconde algo más profundo.”

—D.E.



Hacer el amor en la selva

 Estoy enamorado, como Ray Conniff cuando escribió: "Here today and gone tomorrow."

 

No es difícil enamorarse del viento de la selva, 

tampoco de la pomarrosa, 

de la luna oculta entre las hojas afiladas del pambil, 

del rojo achiote de tus labios, 

de la seda suave de tu piel por las mañanas, 

de tus pechos rosas y tus besos llenos de néctar, como el picaflor. 

No es difícil enamorarse de tus ganas de amar 

bajo esta salvaje lluvia, 

de esta hermosa vida en Puyo, 

de esta ciudad de ojos verdes, 

de tu sonrisa que aniquila mi tristeza. 

No es difícil enamorarse de ti, 

porque eres, desde el boom y el cataclismo, mi único y verdadero amor.

 

—Mayra Flores