LOS INDIOS
Publicado por: Diego Escobar - viernes, 2 de junio de 2023
Pastaza es ese largo y sinuoso sendero sagrado del monte
Cedro
Publicado por: Diego Escobar - viernes, 5 de mayo de 2023
Los árboles se alzan las faldas,
Último aliento
Publicado por: Diego Escobar - jueves, 13 de abril de 2023
Podríamos envolvernos en el humo y el fuego,
Perdernos en la ciudad de la niebla,
Pudiéramos ver delfines y jaguares frente al mar,
Pudiéramos besarnos en todos los cines sin parar,
y abrazarnos en el Café del Cielo,
y acariciarnos en la Laguna Azul,
Pudiéramos bailar pegados hasta el elixir de la noche,
¿¡pudiéramos¡?, ¿¡pudiéramos¡? pero ya no, no!
porque!, porque maldita sea te moriste!
y contigo yo también en esa tarde mortal
Popper
Publicado por: Diego Escobar - martes, 11 de abril de 2023
Pudiera escribirte todos los poemas que faltan por escribir en el mundo,
pudiera escribirte esa novela que seguro me haría ganar el nobel,
pudiera dibujarte con perfección para tumbarle de un solo
trazo a la Gioconda,
pudiera cocinarte bajo el sol tal como si un chef michelín fuera,
pudiera hacerte reír sin parar,
pudiera llevarte a nadar a esa poza de cristal,
pudieras quedarte dormida en mi pecho,
pudiera acabar con tus penas y llantos,
pudiera construirte ese castillo de metal,
pudiéramos perdernos en el mundanal,
pero te esfumaste y al morirte me morí también.
Estiércol
Publicado por: Diego Escobar - martes, 24 de mayo de 2022
Bendita depresión y ansiedad que gracias a ti he podido escribir cuentos y algunas de mis joyas literarias, joyas para mí, estiércol para quienes no saben de mis sentimientos
𝐀𝐮𝐭𝐨𝐛𝐢𝐨𝐠𝐫𝐚𝐟í𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐚𝐜𝐮𝐚𝐫𝐢𝐨
Publicado por: Diego Escobar - martes, 10 de mayo de 2022
Nací hace 40 años en un hospital del seguro social en la fría capital, mi madre nació en cambio justo donde la costa se besa con las montañas andinas, mi padre nació en un pueblo donde todo era nuevo, un pueblito en medio de la selva. Esa amalgama de costa, sierra y Amazonía se fundieron en dos nombres y dos apellidos que me han perseguido por décadas.
Salvaje
Publicado por: Diego Escobar - miércoles, 20 de abril de 2022
Se sienten las mismas cosquillas en el alma, por que siguen intactas las ganas de volar entre la corriente del agua de la cascada y aquel árbol de mandarina abandonado que nos lleva a esas puertas antiguas, esas que rechinan por el tiempo.
El libro siguió escribiéndose en varios capítulos, empezando por disfrutar como introducción esos tiernos dedos blancos, frágiles de tanto tipear estupideces, pero hermosos al fin, junto a esa música electrónica y esas baladas de los ochenta a todo volumen como fondo.
Vivíamos entre el humo impulsivo, ese rojo néctar y esa tersa tela diminuta descifrándose entre mis torpes manos, esos dulces derretidos en el paladar y esa montaña verde seca por el sol por ese verano abrasador que permitió que podamos despojarnos de todo lo que nos estorbaba en ese momento en nuestras mentes.
Ella tenía una dulzura peligrosa de esas que terminan frente a un juez, ella era volátil y en ese intento por curarnos de viejas heridas nos cruzamos, nos enlazamos, nos enroscamos, nos enamoramos, nos destruimos, en una guerra llena de pasión, pero también de disparos criminales.
Ella era salvaje y al mismo tiempo la más delicada flor de un jardín de apariencias, su sonrisa malvada era adictiva, sus caricias endiabladas hablaban un idioma fácil de entender, sus besos eran drogas que te llevaban a mundos de éxtasis sin igual, en esa lucha llamada amor resistí a pesar del daño provocado porque este corazón se engalanaba como guirnaldas de sus heridas.

