LOS INDIOS

Pastaza es ese largo y sinuoso sendero sagrado del monte
Ellos son estos ríos, estas cascadas, estos gigantes árboles,
Y esa misteriosa roca escondida entre la niebla,
Y el roció en las hojas de la yuca sembradas por las nuas,
Y las rocas eternas desperdigadas por el camino.
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Nos miran desde donde nacen los Llanganatis,
Desde los alto del Habitahua y Cuchimondongo,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Se enriquecieron bajo su espalda quemada,
Bajo su sumisión, siempre abajo, siempre,
Ahora su silencio es injusticia nocturna,
La arpía saben toda la historia,
El jaguar lo vio todo,
La anaconda guardo en su memoria la desgracia,
De esa historia de esos indios que se comió el Pastaza,
De los nombres que ya nadie se acuerda,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Cuando andamos por la selva sentimos detrás su presencia,
Nos persiguen, sabemos que no estamos solos en el monte,
Ellos nos hablan en Wao tededo, Saparoano y Shuar Chicham,
Pero no entendemos la lengua sagrada del monte,
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,
Por que Pastaza es eso: ese largo y sinuoso sendero sagrado del monte,
custodiado bajo millones de estrellas mezcladas con brillantes luciérnagas,
Sí. Pastaza es eso: el extenso y sinuoso sendero infinito de resistencia.
Resistencia india en equilibrio con la Madre Selva, por que aún
Nos miran desde todos lados los espíritus del monte,





Cedro

 Los árboles se alzan las faldas,

para que podamos seguir amándonos,
los insectos preparan el concierto aferrados a las hojas,
el ruiseñor alista su siringe,
la hila su saco vocal,
mientras nuestros dedos se entrelazan,
como la raíz a la tierra,
como el pez al anzuelo,
clavo mis dedos como la raíz de la chonta,
tu largo cabello negro mojan las hojas secas del suelo,
mientras me acerco a tu vestido blanco el aroma del papangu aplasta el aerosol,
las dos fosas nasales aspiran toda su fragancia natural,
hasta desfallecer de tanta relajación,
se contamina la sangre del dulce virus del deseo,
las nubes corren para dejarnos el cielo azul,
el lodo atrapa nuestros pies,
el tibio aliento de tu boca es neblina en el aire,
tu piel delicada es arte en esta selva,
como arte es tu saliva en mi boca,
las lianas suben hasta el tope del dosel arbóreo,
las ramas son brazos que sostienen mi amor por ti,
de fondo blancas cabelleras de agua descienden con fuerza hasta nuestra laguna,
la oropéndola nos suelta pétalos de flores exóticas desde el aire,
estamos solos en este verde mar,
¡solos!, ¡solos!, ¡no hay nadie contaminándonos!,
las orquídeas adornan nuestro encuentro eléctrico,
los helechos gigantes esconden nuestros miedos,
miles de escarabajos adornan nuestras cabezas,
las gigantes mariposas azules bordean tus ojos negros,
las mantis religiosas cortan todos tus fobias,
los besos son caimitos maduros,
los abrazos son matapalos sin espinas,
ahora me acerco a ti en cámara lenta,
mi lengua sale de mi boca moja el labio inferior luego moja el superior,
estoy listo para rozar tus labios como el colibrí a la flor,
me alejo de ti con mis alas solo un poco, solo para tomar fuerza,
y ahora empiezo y mi vida retumba nuevamente,
mi selva se pinta de colores LSD,
y mi cerebro funciona a medias ahora,
en este coma de amor entiendo que nada de esto fue al azar,
todos en esta selva nos conectamos a ti,
eres la fuerza matriz de la vida,
las piernas largas de las palmas caminan disimulando para no interrumpir nuestra loca germinación,
llegó la hora de mojar nuestros cuerpos,
ahora volamos dentro del agua,
nos encontramos para el siguiente beso transparente,
para finalmente morir tocando el violín de tu fina cintura de cedro.

Último aliento

Podríamos envolvernos en el humo y el fuego,

Perdernos en la ciudad de la niebla,

Pudiéramos ver delfines y jaguares frente al mar,

Pudiéramos besarnos en todos los cines sin parar, 

y abrazarnos en el Café del Cielo,

y acariciarnos en la Laguna Azul,

Pudiéramos bailar pegados hasta el elixir de la noche,

¿¡pudiéramos¡?, ¿¡pudiéramos¡? pero ya no, no!

porque!, porque maldita sea te moriste!

y contigo yo también en esa tarde mortal




Popper

Pudiera escribirte todos los poemas que faltan por escribir en el mundo,

pudiera escribirte esa novela que seguro me haría ganar el nobel,

pudiera dibujarte con perfección para tumbarle de un solo

trazo a la Gioconda,

pudiera cocinarte bajo el sol tal como si un chef michelín fuera,

pudiera hacerte reír sin parar,

pudiera llevarte a nadar a esa poza de cristal,

pudieras quedarte dormida en mi pecho,

pudiera acabar con tus penas y llantos,

pudiera construirte ese castillo de metal,

pudiéramos perdernos en el mundanal,

pero te esfumaste y al morirte me morí también.



Estiércol

 Bendita depresión y ansiedad que gracias a ti he podido escribir cuentos y  algunas de mis joyas literarias, joyas para mí, estiércol para quienes no saben de mis sentimientos

𝐀𝐮𝐭𝐨𝐛𝐢𝐨𝐠𝐫𝐚𝐟í𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐚𝐜𝐮𝐚𝐫𝐢𝐨

 



Nací hace 40 años en un hospital del seguro social en la fría capital, mi madre nació en cambio justo donde la costa se besa con las montañas andinas, mi padre nació en un pueblo donde todo era nuevo, un pueblito en medio de la selva. Esa amalgama de costa, sierra y Amazonía se fundieron en dos nombres y dos apellidos que me han perseguido por décadas.

Crecí en un barrio en forma de tola precolombina, todo era tan antiguo que las piedras de las calles tenían al menos 200 años, crecí muy cerca de edificios coloniales.
En la calle y en la casa donde viví de niño había personajes mágicos sacados de cualquier novela del Gabo, lo único natural ahí eran las tórtolas que cazábamos en el Itchimbía, de ahí todo era cemento, las casitas donde vivíamos estaban colgadas en la montaña, todas con vista al Machangará.
En mi destartalada chopper volaba por la Marín, la oriental, la tola alta, la vicentina, el dorado, san roque, el centro histórico.
Mis padres me inscribieron en la escuela más cara de la capital, para mí en ese momento eso fue un desatino completo, ahora lo comprendo que tengo hijos, pero demasiados gomelos juntos no lo soportaba, prefería explorar el centro histórico, recorría todos los edificios históricos hasta llegar extenuado a la olla del Panecillo, para ver lo que mañana tocaba seguir conociendo. O pasaba mis horas en la guambrateca ojeando libros junto a Don Evaristo. Me regalaban ahí un vaso de leche con galletas de coco. Para que ir a la escuela, tenía todo afuera de ella, pensaba en esos años. Mis pasos a veces me llevaban hasta el parque El Ejido donde me quedaba sentado disfrutando del show de Michelena.
Las palizas brutales que nos daban los curas en la escuela y en el colegio eran equilibradas emocionalmente con los tres meses de vacaciones escolares en el Puyo, mis padres me enviaban todos los años a la casa de mis abuelos, quienes tenían en ese momento la tienda de abastos más grande de la ciudad, tenía chocolates y dulces a granel, aunque ellos no se enteraban de lo que había en mis bolsillos.
Mis primos y amigos del barrio 12 de mayo eran los cómplices de mis locuras, hacer teatro en la calle, ir al río, a la piscina del complejo libertad. Lo que más me gustaba era el río Puyo, nadar en sus aguas cristalinas era la mejor terapia para un niño hastiado de la ciudad y sus demonios. Por eso me da indignación ver al río ahora convertida en una cloaca.
En el 2005 decidí vivir de manera permanente en Puyo, después de estudiar la universidad, lo primero que hicimos con mi esposa fue empacar y dejar a la gigante ciudad de Quito atrás y empezar una nueva historia en la capital de Pastaza. Abrí mi agencia de viajes, mi esposa abrió su academia de inglés, he trabajado cerca de 10 años en medios de comunicación, pasión que gracias a la invitación de Salomón Osorio la mantengo ahora como forma de vida.
La comunicación me ha traído muchos enemigos por decir lo que pienso, también muchos seguidores. La comunicación honesta es como una canoa de madera sobreviviendo a las tormentosas corrientes del Pastaza. Peligroso pero lleno de adrenalina, linda mezcla para un colapsado corazón como el mío.
Enamorado de esta tierra he logrado entender la necesidad de protegerla, al final es lo único que le queda al país de naturaleza, todo lo hemos destruido. Por eso siempre he tratado de aportar a los procesos de resistencia social que tengan que ver con defender este paraíso.
En esta ciudad he sido inmensamente feliz, habido también aguaceros de tristeza, he amado con intensidad, he gritado, he reído, he cantado, he llorado hasta el amanecer. Como padre me he equivocado mucho, como esposo, hermano e hijo igual, como amigo he dado demasiado, como amante solo me he dejado llevar por mi instinto y corazón. He vivido el éxtasis, la locura, el desenfreno y eso nunca ha llenado el envase de mi felicidad.
He ganado muchos amigos, se han quedado muchos en el camino, muchos me odian por mi forma de ser, otros me siguen disimuladamente, muchos me aman más de lo que yo a mí mismo.
Amo esta tierra y se que el único camino para lograr un cambio es la política, muchos no me perdonan haber sido candidato, sin embargo, miles votaron esa vez por mí, aunque esa elección no gane, nunca me arrepentiré de haberlo hecho, lo haría otra vez si con eso esta tierra podría resolver sus grave problemas como la contaminación y la destrucción de su naturaleza.
No culpo a quienes detestan la política, yo también lo hago, porque está llena de personajes siniestros, hay cosas que no entiendo de esta tierra, talvez nunca las entenderé, no se por que los más pillos siempre son elegidos.
No se por que la gente los elige, a pesar de todo yo sigo creyendo que la política es un instrumento decisivo para cambiar el destino de miles de personas. Si seguimos pobres es por la codicia de quienes llegan al poder. La política honesta cambia y salva vidas.
En este momento decisivo de mi vida, busco ahora apagar las luces de neón, bajar el volumen de la música estridente, he decidido dejar de pelear algunas batallas cual quijote parecía loco, ahora busco la armonía, respirar profundo, exhalar por la nariz, busco dejar atrás cualquier resquicio de rencor, de ira, de temor, de angustia, busco mi equilibrio emocional, busco mi progreso espiritual, busco salud.
Ahora escribo más que leo, intento cuidar mis pensamientos, disfruto de las bendiciones que me caen del cielo, intento mirar profundamente los ojos de mis hijos, de mi esposa, de mis mascotas, de la gente con la que hablo.
Amo Pastaza y he tratado de darle lo mejor de mi vida, amo sus culturas y pueblos indígenas, amo la lluvia que cae y amo cada rincón de esta tierra. Dios me ha encargado algunas cosas que hacer en la plenitud de mi vida y espero estar a la altura soñando un día alcanzar mi zen, aunque hay aún demonios en mi cabeza estar vivo y estar aquí ya es un alivio para un espíritu lleno de cicatrices como el mío.
Disculpen cualquier cosita de más...

Salvaje

 El espíritu no quiso crecer, Peter Pan y el Capitán Sparrow se congelaron a los 20 años...

Se sienten las mismas cosquillas en el alma, por que siguen intactas las ganas de volar entre la corriente del agua de la cascada y aquel árbol de mandarina abandonado que nos lleva a esas puertas antiguas, esas que rechinan por el tiempo. 

El libro siguió escribiéndose en varios capítulos, empezando por disfrutar  como introducción esos tiernos dedos blancos, frágiles de tanto tipear estupideces, pero hermosos al fin, junto a esa música electrónica y esas baladas de los ochenta a todo volumen como fondo. 

Vivíamos entre el humo impulsivo, ese rojo néctar y esa tersa tela diminuta descifrándose entre mis torpes manos, esos dulces derretidos en el paladar y esa montaña verde seca por el sol por ese verano abrasador que permitió que podamos despojarnos de todo lo que nos estorbaba en ese momento en nuestras mentes.

Ella tenía una dulzura peligrosa de esas que terminan frente  a un juez, ella era volátil y en ese intento por curarnos de viejas heridas nos cruzamos, nos enlazamos, nos enroscamos, nos enamoramos, nos destruimos, en una guerra llena de pasión, pero también de disparos criminales.

Ella era salvaje y al mismo tiempo la más delicada flor de un jardín de apariencias, su sonrisa malvada era adictiva, sus caricias endiabladas hablaban un idioma fácil de entender, sus besos eran drogas que te llevaban a mundos de éxtasis sin igual,  en esa lucha llamada amor resistí a pesar del daño provocado porque este corazón se engalanaba como guirnaldas de sus heridas.